El auto se detuvo frente a un restaurante elegante en el corazón de la ciudad.
Era uno de esos lugares con manteles blancos, luces tenues y camareros que se movían en silencio, como fantasmas al servicio de los comensales. Nicolás había elegido ese sitio para celebrar los resultados positivos de Ana, para compartir en familia, para demostrarle a ella que era parte importante de sus vidas.
—¿Estás segura de que quieres venir? —preguntó Nicolás, mirando a Ana con preocupación—. Has tenido un día