Tres días habían pasado desde aquella tarde en el hospital.
Tres días de reposo absoluto para Ana. Tres días en cama, con Nicolás llevándole la comida, entreteniéndola con películas, cuidando de ella como si fuera lo más valioso del mundo. Tres días de incertidumbre, esperando los resultados que nunca llegaban.
Hasta esa mañana.
El teléfono de Nicolás sonó temprano. Era el hospital. Los resultados estaban listos.
—Vamos —dijo él, con una calma que no sentía—. Nos piden que vayamos para darnos l