La mañana amaneció gris sobre el campo, con un cielo cubierto de nubes que amenazaban lluvia. La casa abandonada se alzaba en medio de un terreno árido, rodeada de árboles secos y maleza. Era el lugar perfecto para esconder un secreto. El lugar perfecto para que nadie encontrara lo que no debía encontrar.
Cristóbal llegó primero. Estacionó el auto a unos cientos de metros, oculto entre los árboles. Desde allí podía ver la entrada de la casa, las ventanas tapiadas, el camino de tierra que llevab