La oficina de Nicolás estaba en silencio cuando Lucas entró. Era un hombre de unos cuarenta años, de aspecto serio, con el cabello canoso en las sienes y una mirada que había visto demasiado. Era la mano derecha de Nicolás desde hacía años, el único en quien confiaba ciegamente después de la traición de Cristóbal. Había estado a su lado en los momentos más oscuros, cuando el proyecto robado los dejó al borde de la ruina, cuando las deudas amenazaban con hundirlos, cuando todo parecía perdido. Y