260. La Reina y la Princesa
La amenaza de Mar no fue un grito. Fue un susurro de hielo que pareció bajar la temperatura de la caverna. Elio se detuvo, no por miedo a su poder —aún se consideraba inmensamente superior—, sino por la pura y desnuda sorpresa. Era la primera vez. La primera vez que la humana patética, la bruja de agua, la aprendiz, se atrevía a desafiar su autoridad de Alfa de forma tan directa.
La miró. Vio sus ojos, ya no azules, sino del color de un cielo de tormenta, brillando con una luz elemental. Vio la