257. La Marca del Cama-león
La tregua en las ruinas jesuíticas era una mentira frágil. Elio se recuperaba lentamente, su orgullo de Alfa herido casi tanto como su cuerpo. La dependencia de Mar era una espina constante, un recordatorio de su propia debilidad. Y Mar, por su parte, se movía en una danza extraña de cuidadora y diosa naciente. Lo atendía, limpiaba sus heridas con el agua pura que extraía del aire, pero en sus ojos había una nueva y serena confianza, la de quien sabe que el equilibrio de poder ha cambiado para