251. La Noche antes de Romper la Jaula de Paredes Blancas
La noche en las sierras era fría y clara. Una luna creciente, una uña de plata afilada, colgaba en el cielo, derramando una luz débil sobre el campamento improvisado de Elio. Ya no era una cueva. Se habían movido a las ruinas de una vieja estancia jesuita, un lugar de muros de piedra y arcos rotos que le daba a su guerra un aire de cruzada antigua. Su manada, lo que quedaba de ella, se movía en un silencio tenso, limpiando armas, afilando garras, sus ojos ambarinos reflejando el fuego de las hogueras. La purga había terminado. La lealtad, ahora, era absoluta, forjada en el miedo.
Elio no estaba con ellos. Estaba apartado, en el punto más alto de las ruinas, lo que una vez fue el campanario de una capilla. Observaba el norte, en dirección a la lejana mancha de luz que era Buenos Aires. Su plan era simple. Bestial. Entrarían en el manicomio al amparo de la oscuridad. Matarían a cualquiera que se interpusiera. Y sacarían a la bruja de agua.
Pero debajo de la fría estrategia, una corrient