La victoria, para Mar, había durado exactamente lo que tardó en apagarse la última cámara de la conferencia de prensa. Elio se había robado la atención.
Y luego, en el momento en que Mar se bajó del escenario, la sonrisa paternal de Nicolino Blandini se desvaneció, reemplazada por la máscara fría y eficiente de un hombre de poder.—Excelente trabajo, Hiena —le dijo, su voz fue un susurro desprovisto de toda calidez—. Supiste ser muy… convincente. Aunque haya sido en vano.Dos hombres de traje, con rostros que no recordaban cómo sonreír, la flanquearon.—¿Ahora qué? —preguntó Mar, sintiendo un primer y helado atisbo de inquietud—. ¿Ahora vamos contra Florencio? ¿Ahora me ayudás a encontrar a Elio?Blandini soltó una risa suave.—Paciencia, mi pequeña y talentosa amiga.