177. Sinfonía para Balas y Silencios
El disparo solitario no fue el estruendo de una batalla. Fue el sonido de una cortina alzándose. Un acto deliberado de terror psicológico. El silencio que siguió fue aún peor, una quietud cargada con la promesa de una violencia inminente. Dentro de la cabaña, el tiempo pareció espesarse, volverse un almíbar denso en el que cada movimiento era lento, cada pensamiento, pesado.
Florencio reaccionó como el soldado que era. Se lanzó al suelo, arrastrándose hasta su posición junto a la ventana princi