176. El Silencio de los Cazadores
El aire en la cabaña se había vuelto denso, con la textura de un secreto a punto de pudrirse. Afuera, la noche era un manto de tinta, indiferente. Adentro, tres corazones latían a un ritmo discordante, una sinfonía de miedo, determinación y engaño.
Selene se había apostado junto a la ventana principal, una sombra entre las sombras. Miraba hacia el bosque, pero sus ojos no buscaban movimiento. Escuchaba. Escuchaba el lenguaje del silencio, la forma en que los grillos habían dejado de cantar, el