175. El Aroma de la Lluvia Falsa
Esa noche, durmieron separados. Selene, en el sillón de cuero, fingiendo una vigilancia que era en realidad una forma de castigo autoimpuesto. Florencio, en el suelo de su propia habitación improvisada, con una pistola bajo la almohada improvisada.
Y en la única cama de la cabaña, Mar.
No dormía.
Tenía los ojos abiertos en la oscuridad, una sonrisa asimétrica en sus labios. Esperó a que la respiración de los dos en la otra habitación se volviera profunda y regular. Entonces, con un sigilo que