Mundo ficciónIniciar sesiónLa adrenalina se desvaneció, dejando tras de sí un silencio espeso y el olor metálico de la sangre que subía desde el cañadón. Abajo, en el teatro de la masacre, Elio soltó un último rugido de frustración y, cojeando visiblemente por la herida de bala en su hombro, desapareció entre las rocas, una bestia herida volviendo a su guarida para lamerse las heridas y planear su venganza. Rizzo, el líder mercenario, logr&oac







