120. La Paciencia del Cazador y el Hambre de la Loba
El penthouse se había transformado en el nido de dos conspiradores. La pizarra blanca era su mapa de guerra, cubierta de nombres, flechas y posibles escenarios. El aire ya no olía a miedo, sino a la calma fría que va antes de una jugada de ajedrez decisiva. Habían lanzado su pieza más peligrosa al tablero —el rumor de Mar como la "Reina del Agua"— y ahora solo les quedaba esperar que sus enemigos se devoraran entre ellos.
La espera era una tortura de un tipo diferente. Selene la sentía como una