Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl ascensor subió cuarenta pisos en un silencio hermético y veloz. Para Selene, fue como ser tragada por una bestia de acero y cristal. A través de la pared de vidrio, veía las luces de Buenos Aires extenderse bajo ella como una enfermedad brillante, una herida de neón en la piel de la noche. Se sentía observada por millones de ventanas anónimas. Su instinto de loba, acostumbrado a la protección de los árboles y las sombras, grita







