037. Me Llamo Selene y es lo que me queda
El fuego en la chimenea era un animal hambriento, el único ser en la cabaña que parecía tener certezas. Sus llamas proyectaban sombras largas y temblorosas que danzaban sobre las paredes de madera, sobre el rostro de piedra de Florencio, sobre la figura acurrucada de Selene. Afuera, el bosque había vuelto a un silencio antinatural, preñado de los ecos de la violencia reciente.
Selene estaba hundida en el viejo sillón de cuero. La chaqueta de Florencio era un caparazón pesado sobre su cuerpo des