036. Mi Infierno, Tu Espectáculo
El silencio en el pequeño claro era una cosa sólida, tangible. Solo se rompía por la respiración agitada de Selene, acurrucada en el suelo, y el eco lejano de la batalla entre los lobos y los cazadores, una sinfonía de aullidos y disparos que parecía pertenecer a otro mundo.
Florencio estaba de pie frente a ella, una estatua de incredulidad y furia contenida. Su mente, esa maquinaria de lógica y control, se había cortocircuitado. Había salido de la cabaña siguiendo la señal discreta del rastrea