027. Dos Depredadores, Una Jaula
El sonido de la puerta al cerrarse fue un golpe seco, el eco de una sentencia. Florencio entró en la cabaña con la urgencia contenida de un animal que vuelve a su guarida tras oler a un rival en su territorio. No entró gritando. No entró en pánico. Entró con una calma helada que era mucho peor. Se movió con eficiencia, trabando la puerta principal con un cerrojo pesado que Selene no había notado antes. Luego, fue a las ventanas, asegurando los postigos de madera maciza, sumiendo la sala en una p