026. Dos Bestias Acechan mi Jaula
El bosque recibió a Florencio con un silencio denso, casi acusador. La puerta de la cabaña se cerró a su espalda, un sonido de madera contra madera que pareció sellar a Selene en su jaula temporal. Él se movía con la eficiencia silenciosa de un militar en territorio enemigo, el fusil en una posición de alerta baja, los ojos barriendo cada sombra, cada movimiento entre los troncos oscuros que se alzaban como costillas de un animal muerto.
No creía en las "vibraciones" de Selene. No del todo. Su