025. Siento sus Ojos en mi Nuca
La noche se cerró sobre la cabaña como una tapa de ataúd. Afuera, el bosque era un océano de sombras y susurros de viento. Adentro, el silencio era diferente. Era un silencio con pulso, una quietud cargada por la presencia de dos depredadores que circulaban en el mismo espacio reducido, fingiendo una tregua que ninguno de los dos creía.
Florencio había vuelto de su caminata por la orilla. No dijo nada sobre su ausencia. Simplemente entró, se sirvió otro whisky y se sentó frente a la chimenea, d