009. Hecho Número Cinco: Desearte
Tras un anochecer febril, el fuego era lo único que respiraba en la cabaña.
Florencio lo había encendido con una eficiencia metódica, apilando los leños secos que guardaba junto a la chimenea. Las llamas ascendieron con un rugido voraz, devorando la madera y proyectando sombras danzantes sobre las paredes, espectros alargados que se movían como criaturas vivas. El calor comenzó a combatir la humedad salobre, pero no la tensión, que seguía siendo un frío anclado en el aire.
Selene no se había m