Elena ya no pertenece a nadie.
Después de un pasado marcado por promesas rotas, caricias que dolían más que cualquier castigo y un amor que la devoró desde adentro, Elena tomó la única decisión que la salvó, dejar de amar. Dejó de rogar, de esperar, de creer en cuentos suaves que solo existían para doblegarla. En su lugar, levantó un imperio de palabras afiladas, construyó castillos de piel y deseo, y se coronó reina de su propio mundo.
Hoy, Elena es una diosa de carne y látigo, en las listas d