CAPÍTULO 95: LA VERDAD QUEMA
Eden
El mundo se me viene abajo otra vez.
Las lágrimas siguen cayendo, pero ya no siento el dolor de antes. Ahora es distinto, como si la desesperación hubiese mutado en algo peor: rabia.
Estoy de pie antes de darme cuenta, con el cuerpo rígido y las manos apretadas a los costados. Miro a Nikolai y me doy cuenta de que lo amo. Lo amo con una parte de mí que no entiende razones, pero también amo a Dmitry… y la idea de perderlo, de saber que va a morir mientras yo me quedo aquí, esperando, me desgarra viva.
—Llévame con él —digo en un susurro—. Vamos, ahora. Tenemos que intentarlo, tal vez aún haya forma de impedirlo.
Nikolai se pone de pie con lentitud, sus ojos azules parecen atormentados.
—Eden, no puedes. No puedes simplemente lanzarte allá. Tienes una hija, debes que pensar con claridad.
—¡No me hables de claridad! —exclamo—. ¡Está por morir! Y tú me estás pidiendo que lo acepte sentada en un sofá mientras... mientras…
La voz se me rompe. No puedo decir