CAPÍTULO 64: MANSIÓN DE HIELO
Eden
Rusia huele a frío. No al frío elegante de los perfumes caros o al que se siente al abrir el congelador para robar helado a medianoche, no. Huele a ese tipo de frío que se te mete en los huesos y amenaza con quedarse a vivir ahí. Incluso antes de aterrizar, ya lo siento. Como si el país entero fuera un preludio gélido de lo que me espera.
Desde la ventanilla del jet privado, Moscú parece una pintura helada: cúpulas doradas bajo cielos de acero, calles cubierta