CAPÍTULO 63: EL HIELO BAJO NUESTROS PIES
Eden
Han pasado varios días desde que disparé por primera vez un arma real y dejé que Nikolai Volkov —el pecador más grande de todos los pecadores— me enseñara cómo apuntar a matar. Desde entonces, lo he estado evitando como si fuera una plaga. Una plaga con ojos bonitos, sonrisa torcida y un ego que podría ocupar dos países y medio. Me inventé fiebre, náuseas, hasta contracciones fantasma, y cuando eso no fue suficiente, fingí dormir cada vez que tocaba