CAPÍTULO 29: LAS PAREDES TIENEN OÍDOS
Eden
Su agarre es firme, implacable, pero no lo suficiente para hacerme daño. Es solo un recordatorio de que él tiene el control en este momento. Un control que me pone muy nerviosa.
Mi cerebro grita que diga algo, que finja, que me haga la tonta, pero mi boca sigue sin reaccionar.
Dmitry ladea la cabeza mientras me estudia con esa mirada gélida que parece atravesarme hasta los pensamientos más ocultos. Odia a los mentirosos, lo sé porque lo ha dicho antes,