La mansión estaba llena de luz y elegancia esa noche. La fiesta estaba en su apogeo, y todos los ojos se posaban en la impresionante figura de Alanna, quien había elegido uno de los vestidos que Leonardo le había regalado. El vestido, de un tono profundo y vibrante, le quedaba perfectamente, resaltando su figura y dándole un aire de sofisticación que pocos podían lograr. Su cabello, recogido con delicadeza, caía en suaves ondas sobre sus hombros, mientras sus ojos brillaban con una intensidad q