El gran salón de la mansión estaba en completo silencio, salvo por el tenue eco de los movimientos de Alanna sobre el suelo de madera. La luz de la tarde entraba por los ventanales, bañándola con un resplandor dorado mientras repetía una y otra vez la misma secuencia.
Su reflejo en los espejos la observaba con una mezcla de determinación y agotamiento. Su pierna dolía como si cada músculo estuviera siendo atravesado por espinas de hielo. Cada giro, cada salto, le recordaba que el frío de los úl