Laura
—Laura…
La voz de Antonio sonaba distante, pero me costaba responder; la visión de ese hombre en la enfermería me dejó temblando. El llanto de Gabriel me forzó a dejar de divagar y lo acomodé mejor en mi brazo.
—¡Responde! —demandó con mayor desespero desde el teléfono.
—Antonio, ¡ayúdame!
Colgué el teléfono porque no me salía otra palabra y el desespero de mi bebé tampoco me dejaba pensar con claridad.
—Calma, Gabo, mi amor —susurré mientras lo mecía en brazos, pero no funcionó—. Ya, mi c