Antonio
El gris de esa piel prestada no solo cubría mi brazo izquierdo, sino buena parte del torso, casi todo el cuello y la mitad de mi cabeza, incluido el rostro. No mentía Morales al decir que me volví Tritón, aunque yo solo veía en el espejo del baño a un monstruo. Tuve que aferrarme al lavabo para no caer.
Caminar hasta allí sin apoyo fue una labor ardua y sacudió mi memoria con los recuerdos de cuando hice lo mismo, siendo un niño. Solo que entonces, seguía siendo yo frente al espejo.
—N