Lucia
No había planeado detenerme. Solo pasaba. Eso es todo.
Caminaba rápido, con el cuello levantado, la mente en otra parte, como si las aceras de esta ciudad pudieran escupirme al otro lado de mis dudas. El cielo estaba bajo, gris sin promesa, y mis pasos sonaban huecos contra los adoquines mojados. Debería haber continuado. Podría haber continuado.
Pero hubo ese detalle: un olor, casi olvidado, a cuero antiguo y polvo caliente. Una luz tenue en el escaparate. Y esa novela. Otra novela, en r