El silencio de aquel bosque helado se quebró cuando una sombra emergió entre los árboles.
Primero fue un murmullo, un crujido casi imperceptible… y luego, de golpe, aparecieron su Beta, su Gamma y el resto del ejército de Ígnea, moviéndose tan rápido que apenas parecían seres terrenales.
Su llegada fue una tormenta brutal.
Los intrusos, los hombres que habían rodeado a Armyn, no tuvieron la menor oportunidad.
En un parpadeo, todos cayeron.
El Beta, aun jadeando, tomó a Armyn por el brazo.
—¡Mi