Al escuchar el grito desgarrador, Armyn sintió cómo una oleada de instinto la invadía. Sin pensarlo dos veces, se transformó en su forma lobuna, su cuerpo adoptando la majestuosa figura del lobo que llevaba dentro, y corrió hacia la fuente del sonido.
La noche era oscura, pero su aguda percepción le guiaba con precisión.
Cuando llegó, la escena que encontró la dejó helada: la criada yacía muerta en el balcón, su cuerpo inerte manchado de sangre.
Un pergamino, cubierto con ese mismo líquido vital