Mahina sintió cómo la ira la consumía desde lo más profundo de su ser. Su corazón latía desbocado, la adrenalina corría por sus venas y un rugido salvaje brotó de su garganta mientras su cuerpo comenzaba a transformarse.
Sus músculos se tensaron, su columna se arqueó y un pelaje oscuro y brillante cubrió su piel. Sus garras se afilaron y sus sentidos se agudizaron hasta lo inimaginable: olía la tierra húmeda del bosque, percibía el viento, escuchaba el crujido de cada rama bajo los pies de su e