La loba de Mahina aullaba desde lo más profundo de su ser, un sonido desgarrador que resonaba en cada fibra de su cuerpo y atravesaba la oscuridad de la habitación, queriendo romper los muros del castillo mismo.
Era un aullido de terror y dolor, un clamor que pedía ayuda a los cielos, un llamado a la Diosa Luna, suplicando protección para su cachorro.
—¡Diosa Luna, te lo ruego! Salva a nuestro cachorro… —la voz de la loba resonaba en el pecho de Mahina, mezclándose con su propio miedo, con su p