La oficina de Sebastián aún conservaba el eco de la presencia imponente de El Fantasma. El silencio era denso, roto solo por el zumbido del aire acondicionado y el latido acelerado del corazón de Sebastián. Se dejó caer en su silla, pasándose una mano por el cabello sudoroso. Había logrado lo que parecía imposible: había convencido a El Fantasma de trabajar con él. Pero aún quedaban detalles por cerrar. Uno de ellos, la modelo que el corredor había solicitado. El sol de la tarde se filtraba a t