La luz de la mañana se filtraba a través de los ventanales del estudio, iluminando el rostro del abuelo Félix, que aún procesaba las palabras de Maritza. Los rayos del sol se reflejaban en los muebles de madera oscura, creando patrones de luz y sombra que se movían con la lentitud del tiempo. El silencio en la habitación era denso, interrumpido solo por el tictac del reloj de pared y el latido de los corazones que esperaban respuestas. El abuelo Félix la miró fijamente, con sus ojos negros bril