La música seguía sonando, envolviendo la mansión en un manto de notas que parecían flotar en el aire como susurros de seda. La orquesta, ahora más animada, tocaba una melodía alegre que invitaba a los invitados a olvidar por un momento la tormenta que acababa de sacudir la noche. Los violines se elevaban en arpegios dulces, los cellos resonaban con una profundidad que vibraba en el pecho de los presentes, y el piano tejía acordes que parecían contar historias de amores perdidos y esperanzas ren