La música había vuelto a sonar, pero la atmósfera en la mansión Hidalgo seguía cargada de electricidad. Los invitados intentaban recuperar la compostura, pero sus miradas no se apartaban del abuelo Félix, que ahora se movía entre ellos como un fantasma que había vuelto para reclamar su lugar. Las conversaciones eran susurros, los gestos eran cautelosos, y el champán ya no sabía igual. La noticia del regreso del patriarca se extendía como un incendio forestal, y cada invitado procesaba el impact