El estudio de fotos estaba en el corazón de la ciudad, en un edificio moderno de vidrio y acero que se alzaba como un monolito de luz y creatividad. El interior era amplio, con techos altos y paredes blancas que reflejaban la luz de los focos de neón, creando un ambiente casi irreal, como si el tiempo se hubiera detenido en un espacio dedicado exclusivamente a la perfección visual. En el centro, un fondo de tela negra se extendía como un lienzo en blanco, esperando ser llenado con la imagen de