La mañana había llegado con un sol pálido que se filtraba entre las nubes grises, tiñendo el cielo de tonos plomizos que presagiaban una tormenta. El penthouse estaba en silencio, roto solo por el sonido de los pasos de Joaquín mientras caminaba de un lado a otro de la sala, con el teléfono en la mano, la mirada perdida en el horizonte. Llevaba una camiseta blanca y jeans negros, el cabello aún húmedo por la ducha, pero su mente ya estaba en otro lugar. En la llamada que había recibido. En las