Los aplausos seguían sonando alrededor de ellos. La gente seguía celebrando la victoria de Joaquín. Los flashes de las cámaras seguían disparando, capturando cada ángulo, cada gesto, cada emoción. Mara y Joaquín seguían abrazados en medio de la pista, con el público vitoreando y los mecánicos corriendo a felicitarlos. Pero dentro de ese abrazo, dentro de ese beso, había algo más que solo celebración. Había tensión. Había preguntas. Había un juego que ninguno de los dos sabía si seguían jugando