184.
Sirius había pasado la noche con Ángel. Ya no quería darle más vueltas al asunto. Simplemente era lo que era: entre ellos había una incontrolable atracción. En el momento en el que lo había visto, se había abalanzado hacia él y lo había abrazado con fuerza.
—Estás aquí —le dijo.
El lobo le apoyó las manos en la espalda y lo apretó con fuerza.
—Estoy aquí.
Pasaron el resto de la tarde y parte de la noche juntos, sentados en el amplio comedor. Hablaron tanto... Ángel le explicó cómo funcionaba el