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Pude sentir en la presencia viva del pequeño animal que estaba en problemas. Pude sentir su rabia, su desesperación. Era una cabrita quisquillosa y malgeniada. Seguramente alguien la había atrapado, y esperé contar con la suficiente suerte como para que, incluso aunque Mordor la tuviera entre sus brazos, no lograra identificar qué era ni que tampoco la matara por error.
Ahora, más que nunca, sabía que si algo llegaba a pasarle a Tormenta, eso se vería directamente reflejado en la tormenta etern