167.
Tuve miedo. No podía negar que aquel miedo me apretaba con fuerza el corazón, como si me pidiera realmente moverme. Algo dentro de mí me decía que eso era una muy mala idea, pero ¿qué más podía hacer yo al respecto? La desgraciada cabra estaba ahí. Podía sentir su presencia, a pesar de que mi poder del hielo había desaparecido, y a pesar de que sabía que eventualmente iba a regresar, no lo tenía en ese momento. Y aquella sensación abrumadora de vulnerabilidad me atormentaba. Pero Bastian estaba