15.
Mis pies temblaron con tanta fuerza que caí sobre el frío suelo marmoleado. Los brazos de Valentín me sostuvieron por los hombros.
— Levántate — me dijo — . ¿Puede ser que estés hablando?
— ¡Claro que estoy hablando! — le grité, mientras sus pasos me impedían caer al suelo completamente.
— Así es, Alicia. Los exploradores dijeron que no encontraron el cuerpo de tu amiga.
Yo negué varias veces.
— No, seguramente no buscaron en el lugar donde yo la había dejado. ¡Ahí tiene que estar!
Pero él