151.

Miré a los ojos de aquella mujer, la que se suponía que había sido mi madre, la que me había criado, y no pude encontrar en ellos más que un halo de rabia… y también de vergüenza. Claro, era eso lo que podía ver en sus ojos: vergüenza. Podía distinguirlo y percibirlo porque no era capaz de mirarme a los ojos.

Sentí tanta rabia en ese instante que pude percibir levemente aquella sensación cruzante en mi pecho. No sabía si era directamente el poder del hielo que quería escapar, o tal vez mi loba
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