Dhalia abrió la puerta de esa pequeña habitación en la vecindad con las manos temblorosas. El corazón le golpeaba el pecho como si quisiera advertirle de algo.
Por fin había escapado de Luis. De sus amenazas, de su sombra… de todo su pasado.
O al menos, eso había querido creer.
Pero cuando cruzó el umbral, el aire se volvió pesado, asfixiante.
Luis estaba ahí.
Sentado en la única silla de madera del cuarto, esperándola como si nunca se hubiese ido. Cuando la vio, se levantó de inmediato, caminó