El ramo resbaló lentamente de las manos de Jessica, como si su cuerpo no respondiera, como si el alma se le hubiese salido del pecho.
Sus ojos, abiertos de par en par, parecían a punto de salirse de sus órbitas.
La respiración se le cortó y su corazón dio un vuelco que casi la hizo perder el equilibrio. No podía ser real. No podía estar ocurriendo. Pero lo era.
Frente a ella, de pie, vestida de negro como si viniera de una tumba… estaba Abril.
¡Abril!
La misma mujer a la que creyó ver morir entr