Abril abrió los ojos lentamente, y por primera vez en su vida, un terror absoluto la paralizó: no reconocía el lugar donde estaba.
Parpadeó varias veces, intentando enfocar, y su corazón empezó a latir con violencia.
Todo era blanco, un techo impoluto que reflejaba una luz fría, casi clínica, que le quemaba la retina.
Su cuerpo temblaba de manera incontrolable, un temblor que no era solo físico, sino que nacía de un miedo profundo, de ese que se instala en el pecho y que hace que todo a tu alred