“La primera imagen apareció en la pantalla con un silencio sepulcral en la sala.
Allí estaba Mia, sentada frente a una mesa de madera. Entre sus manos temblorosas, pero firmes, sostenía un trozo de barro húmedo.
Sus dedos, delicados como pinceles, trabajaban con paciencia y precisión, acariciando la arcilla hasta darle forma.
El movimiento era lento, casi ritual, como si cada figura que emergía del barro llevara consigo un fragmento de su alma.
Mientras moldeaba, tarareaba una canción infanti